II.

Como leon que en la africana arena,

Si le han herido cazadores, arde

En rabia, que su roto pecho llena

Por grados; y ya, en fin, con fiero alarde

Armas mueve; sacude la melena

Sobre el fornido cuello, y el cobarde

Dardo rompiendo que llevó prendido,

Da con labio sangriento un gran rugido: