I.

TRADUCTORES CASTELLANOS.

(a) El afamado intérprete frances de la Eneida, Barthélemy (París 1838), parece dar por sentado que la version más antigua del poema virgiliano es la del obispo Saint Gelais, dedicada á Luis XII en 1500. Inverosímil se nos antoja semejante especie, áun tratándose de interpretaciones francesas, y por lo que hace á nosotros, los castellanos, desde 1428 poseíamos una traduccion completa en prosa, que si no es la primera de todas las neo-latinas, como suele afirmarse, á lo ménos merece lugar entre las más vetustas. Compendios italianos y catalanes existian ántes, pero la reproduccion íntegra y más ó ménos fiel del texto virgiliano era una verdadera novedad y un importante servicio á la causa del Renacimiento y á las lenguas vulgares.

Cabe la gloria de tal empresa á D. Enrique de Aragon, más generalmente conocido por el título de Marqués de Villena que por el suyo verdadero, de conde de Cangas de Tineo. Su traduccion de la Eneida no se ha impreso nunca, ni queda de ella manuscrito completo en ninguna Biblioteca: para completarla es preciso reunir los códices de Madrid, de Sevilla y de París, que iremos describiendo.

El de la Biblioteca Colombina es el más antiguo y completo de los que tenemos en España. Códice en papel, á dos columnas, 142 folios, letra del siglo XV. Fáltanle al comienzo pocas hojas que debian contener los primeros capítulos del libro I de la Eneida. Así es que empieza por la traduccion de los versos: «Gens inimica mihi Thyrrenum navigat æquor...» «Los vientos, sepas qué gente á mi enemiga navega por el mar tirreno, es á saber, de italia, los ylionios, es á saber troyanos, trayendo á Italia é los vencidos diosses secretos.»

Abarca este códice los seis primeros libros sin glosas. Preliminares nunca hubo de tenerlos, porque en el Registrum de D. Fernando Colon aparece notado de esta suerte: «Seis libros de las Eneidas de Virgilio, traducidas de latin en castellano por D. Enrique de Villena.» Divídense por capítulos. El primer libro incipit: «Yo Virgilio en verso cuento los fechos.» El sexto desinit: «Los navíos en la ribera.»

Tiene este códice en la actual numeracion de la Colombina la signatura AA.-144-8. Al folio 142 dice: «Aquí se acaba el sexto libro de la Eneyda de Virgilio de la primera parte»[1].

La Biblioteca Nacional posee en dos códices modernos (M. 16 y 17), pero mucho más el primero que el segundo, los mismos seis libros que la Colombina. Pellicer[2] no pudo ver más que los tres primeros, porque en su tiempo no existia otra cosa en la Biblioteca. Poco despues de la publicacion de su libro, sabedor D. Tomás A. Sanchez de la existencia del códice hispalense, solicitó y obtuvo del bibliotecario de la Colombina, Galvez, copia de los otros tres, remitiéndole en cambio los principios que faltaban al de Sevilla. Una nota antigua (quizá del mismo D. Enrique), copiada al frente del códice M. 16, nos informa que aunque el de Villena dedicó su traslación al Rey de Navarra, «por cuya instancia la fizo... non ge la presentó porque antes que fuesse puesta en pergaminos é bien escrita... se levantó discordia é guerra entre el señor Rey de Castilla á quien el dicho D. Enrique avia por soberano señor y el señor Rey... de Navarra, por ende abstúvose de lo facer tanto beneficio ni aver con él comunicacion en este presente, reservándola por la comunicar á otros caballeros del Reino...»

En otra apostilla del márgen suplica el intérprete á los copistas que escriban el libro «con glossas segun aquí está cumplidamente, porque los secretos ystoriales y los integumentos poéticos lleguen á noticia de los lectores.» Y tan adelante lleva D. Enrique este empeño, que hasta califica de «tentacion y sujeccion diabólicas» el deseo de trasladar el texto sin las glosas. Eran á no dudarlo, y precisamente por su misma erudicion indigesta, que él llama «fructuosa doctrina,» la parte de su trabajo que más le placía; pero los amanuenses le obedecieron mal, pues ni el códice de Sevilla ni el de París tienen glosas.

A las instancias y ruegos muy afincados de D. Juan II de Navarra debieron nuestras letras esta version, dado que «él, leyendo y faciendo leer ante sí la comedia del Dante falló que alababa mucho á Virgilio... y fizo buscar la dicha Eneyda, si la fallaria en romance, porque él non era bien instruido en la lengua latina, y non fallándola ni aun quien tomar quisiesse cargo de la sacar de la lengua latina á la vulgar, por ser el texto suyo muy fuerte y de diversos vocablos y ystorias non ussadas, y aun porque estas obras poéticas non son mucho ussadas en estas partes...» tuvo que acudir á D. Enrique, el cual se prestó á ello «por captar su benevolencia... porque se acordasse de le desagraviar de su heredad que le tenía tomada contra justicia.»

La altisonante y archi-latinizada dedicatoria de D. Enrique al Rey de Navarra, es bastante conocida, y Pellicer la trae en su Biblioteca.

En el Prohemio ó Preámbulo da el traductor algunas noticias de Virgilio y de sus obras (acerca de los poemas menores Culex, Ciris, etc., dice que «los hizo traer de Florencia D. Enrique de Villena, cá d’antes en Castilla non se fallaban de Virgilio estas obras si non la bucólica y la geórgica y la Heneyda»), y por lo que toca á su traduccion anuncia que tendrá «tal manera que non de palabra á palabra ni por la órden de palabras que está en el original latino, mas de palabra á palabra segund el entendimiento y por la órden que mejor suena en la vulgar lengua, en tal guissa que alguna cossa non es dexada ó pospuesta... de lo contenido en su original, antes es aquí mejor declarada... por algunas expresiones que pongo acullá subintellectas... Los diversos autos de cada libro partí por capitulos... magüer Virgilio sin distincion capitular fizo cada libro, solo texiendo aquel de continuados versos.»

Tardó D. Enrique en hacer este trabajo (segun se advierte en una de las glosas) un año y doce dias, interpolando la tarea virgiliana con otras, cuales fueron la de poner en castellano la Divina Comedia de Dante y la Retórica Nueva de Tulio, sin otras obras menores de «Epístolas é Arengas é Proposiciones é Principios...» prueba todo ello de facilidad maravillosa. Comenzóse el 28 de Setiembre de 1427.

El códice M.-16 tiene glosas, pero no el 47, como copia que es del de la Colombina.

En un códice de 311 folios útiles, escrito en papel, letra del siglo XV, posee la Biblioteca Nacional de París (señalado con el núm. 7812 en los catálogos antiguos, y con el 207 en el fondo español moderno) nueve libros de la Eneida desde el cuarto hasta el duodécimo.

Tras una hoja desparejada, cuya vuelta está en blanco, viene el principio del códice (en letra roja) de esta manera: «Aquí comiença el quarto libro de la Eneyda de Virgilio, en el qual se pone como la Reyna Dido casó con Eneas, é despues por monicion de los dioses se partió de Cartago é se fué en Italia, é la dicha Reyna se mató por su partida.»

Sigue el texto dividido en capítulos. Al márgen hay breves notas que generalmente empiezan: «In latino dicitur sic...» Otras veces son más extensas, por ejemplo, la relativa á Mercurio en el folio 15.

El libro XII termina así: «A aquel, es á saber, Turno solviéronse los miembros de frio é la vida con gemido fuyó indignada de yus de las sombras.—Aquí fenesce el dozeno libro de la Eneyda, et toda la obra quanto en esta materia dexó fecho Virgilio á su finamiento, magüer oviesse voluntad de proceder más adelante. Et segunt opinion de algunos fasta la muerte de Enéas avíe de continuar, la qual Eneyda despues fué corregida por Tuca é Varo por mandado de Octhoviano, segunt los exponedores declaran.»

«Este dicho libro de la Eneyda escribió Juan de Villena, criado del senyor ynygo lopes de Mendoça senyor de la Vega. É lo acabó sábado primero dia de Setiembre en la villa de Guadalfaxara, anyo del nascimiento de nuestro salvador Jhsuxpto de mill é quatrocientos é treynta é seis anyos.»

El Sr. Ochoa, al registrar este ms. en su Catálogo, tomó por nombre de autor el del copista. Pero gracias á la diligencia del Sr. Amador de los Rios, y sobre todo, del conde de Circourt, que le ayudó en esta indagacion, pudo comprobarse que los tres primeros libros de los nueve corresponden exactamente á los códices que en España se conservan, y que por consiguiente los otros seis pertenecen de igual modo á la version de D. Enrique, no habiendo diferencia de estilo, y sabiéndose que el de Villena tradujo toda la Eneida. Además, el número de capítulos es exactamente el mismo que anuncia D. Enrique en su Prohemio: 346 para toda la obra, que con los 20 párrafos del Prohemio hacen 366, uno para cada dia del año.

Aun se conservan otros dos códices fragmentarios del trabajo de D. Enrique. En la Biblioteca de la Santa Iglesia de Toledo hay un códice en folio menor, escrito á dos columnas, en 480 fojas, así encabezado: «Aquí comiençan las glosas sobre el primero y segundo libro de la Eneyda de Virgilio que fizo D. Enrique de Villena.» Contiene el Prohemio además de las glosas, ni éstas se refieren sólo á los dos primeros libros, sino tambien al tercero.

Finalmente, en la Biblioteca de los Duques de Hijar, examinó mi excelente amigo D. Damian Menéndez Rayon otro códice en folio menor, 167 ps. sin foliar, las más en papel y las restantes en vitela: el cual, además de la dedicatoria y prohemio, contenía los tres primeros libros de la Eneida de D. Enrique con sus glosas. De este códice parece haber sido copiado el de la Biblioteca Nacional.

Termina con esta suscripcion:

Finito libro sit laus et gloria Christo,

Qui scripsit scribat, semper cum Domino vivat,

Vivat in cœlis hic scriptor mente fidelis,

Sint adjutores cœlesti habitatores:

Martinus Sanctii vocatur: qui scripsit benedicatur.

Et fuit perfectus XVIII Junii anno Domini

1442.

Doña Isabel la Católica poseyó en su Biblioteca[3] «un libro de romance de papel, que son las Enéidas de Virgilio, glosado un pedazo, de D. Enrique de Villena, con unas coberturas de tabla, guarnecidas en carmesí aceituní de pelo, con unas flocaduras al derredor de seda verde é oro, bordadas en la una parte de las armas de Diego Arias con unos tejillos verdes de cobre dorado.»

Insensatez sería buscar en esta version rastro ni sombra de la poesía del original. Aun en cuanto á fidelidad deja harto que desear, así por descuidos y malas inteligencias del traductor, como por las estragadas copias que hubo de tener á la vista. Pellicer notó ya el desatino de traducir, v. gr., el Tu das epulis accumbere Divum, por Tú eres aquella que das viandas á comer á los dioses. Pero no abundan estos lapsus tanto como pudiera creerse, ni tuvo razon Ticknor para censurar tan ágriamente como lo hace el capítulo I del primer libro (que es la parte publicada por el mismo Pellicer), juzgando por ella que «el Marqués sabía poco latin.» A la verdad, aquel trozo puede traducirse con mucha más elegancia, pero no con más exactitud. Hasta hay frases felices: «ira recordante» memorem ob iram, que dice el Mantuano.

Como monumento filológico presenta interes el libro de D. Enrique, no porque la lengua allí empleada sea la castellana de ninguna época, sino porque acusa el vano y tenaz empeño de los eruditos por latinizarla desacordadamente, usando de inversiones extrañas y de giros y construcciones pedantescas, que ni son latinas ni castellanas. Secundacion preceptiva, dice nuestro traductor, en vez de obediencia á los preceptos.

Un ejemplo, escogido sin particular empeño, mostrará á dónde llega esta manía. Es del libro IV: «Llegado Mercurio... al sito do son los reales hedeficios de la cibdat de Cartago, falló á Eneas acustioso en la fundacion de las fortalezas é alturas de aquellas: nuevas mandando fazer obras le vido, é de ricas compuesto vestiduras. Traye la estrellada espada con dorada vayna. E el manto con punctas cubierto de color tiriano bermejo, colgado de los hombros... La Reyna Dido las telas é texeduras dél departiera con delicado oro. E mostrándose á él Mercurio en el encuentro, tales le dixo palabras: Tú agora hedificas los altos fundamentos de Cartago é fermosa labras cibdat», etc.[4].

(b) Gallardo menciona por incidencia una traduccion de libro II de la Eneida en coplas de arte mayor, publicada en 1528 por Francisco de las Natas[5]; pero ni la he visto, ni nadie da noticia de ella. Su autor, que lo fué tambien de la Comedia Tidea, obra rarísima, perteneciente al género de las Celestinas, y cuyo único ejemplar conocido está en la Biblioteca Real de Munich, fué beneficiado de la iglesia parroquial de Covarrubias y de la iglesia de Santa Cruz del lugar de Revilla Cabriada. Tal se titula al principio de la Tidea.

Barrera[6] sospecha (á mi ver, sin fundamento) que estos títulos sean burlescos, y el nombre mismo un seudónimo.

(c) El Dr. Gregorio Hernandez de Velasco, de quien cantó Lope de Vega:

«Acudiendo el primero

El Títiro español, nuevo Sincero,

Cuya divina musa toledana

Dió poder á la lengua castellana,» etc.,

conocido por sus versiones de las églogas 1.ª y 4.ª de Virgilio y del Parto de la Vírgen de Jacobo Sanázaro, dió á la estampa su traduccion poética de la Eneida mucho ántes que Aníbal Caro la suya italiana. La edicion príncipe de ésta es de 1581 por los Juntas. De la castellana conozco las siguientes impresiones:

Los doze libros de la Eneida de Virgilio, príncipe de los poetas latinos, traduzida en octava rima y verso castellano. En Anvers, en casa de Juan Bellero. Sin año.

Al fin dice:

«En Anvers, en casa de Gerardo Smits, á la costa de Juan Bellero.» 12.º, 599 pp. (hay una sin foliar), inclusos los preliminares.

Salvá y otros tienen por primera edicion ésta, de la cual son copias todas las anteriores á la de Toledo por Juan de Ayala.

2.ª ed.—Los doze libros de la Eneida de Virgilio, príncipe de los poetas latinos, traduzida en octava rima y verso castellano. En Anvers, en casa de Juan Bellero, en el Halcon. MDLVII (1557). Ocho hs. preliminares sin foliar, y 647 páginas foliadas (la última no tiene numeracion.)—Ejemplar de mi Biblioteca.

No hay más señas de impresor que estas: Typis A. T.

A la vuelta de la portada se lee un soneto anónimo en alabanza del traductor:

«Diez y seis siglos ha revuelto el cielo...»

Los demás preliminares son: una Advertencia del impresor á los lectores, dos epigramas latinos sin nombre de autor, y la traduccion en tercetos de los versos que forjó algun gramático, suponiéndolos compuestos por Augusto cuando Virgilio mandó quemar la Eneida.

En el prólogo leemos:

«Esta diligencia tenía sola España por hacer hasta ahora: no sé la causa. Bien creo que no ha sido falta de buenos ingenios. Mas por ventura no han echado de ver la falta que este Autor hacía en nuestra lengua..., ó lo que es más posible, creo yo por cierto que no ha faltado quien haya tomado tan honesto trabajo, sino que se habrá contentado con hacerlo sólo para su ejercicio y contentamiento, sin querer comunicar sus trabajos á quien, en lugar de se los agradecer, se los murmure. Lo qual ha sido buena parte de causa para que el autor de esta traduction no la haya permitido publicar algunos años ántes, y para que ya que á instancia de algunos amigos suyos permitió que saliesse á luz dexe en silencio su nombre.»

Tampoco le revelaron sus apologistas, contentándose con decir que era toledano:

Toletum invisit...

Et loca quæ aurifluo perfluit amne Tagus...

3.ª ed.—Anvers, Juan Bellero (Typis, A. T.), 1566, 12.º Hecha á plana y renglon sobre la anterior. Tiene el mismo número de páginas.

4.ª ed.—Anvers, Juan Bellero, 1572, 12.º Nueva tirada, idéntica á las dos anteriores.

Además de estas reimpresiones antuerpienses, debió de haber otras tres (hoy desconocidas), puesto que la de Toledo se titula octava.

—«La Eneida de Virgilio, príncipe de los poetas latinos, traduzida en octava rima y verso castellano: ahora en esta última impression reformada y limada con mucho estudio y cuydado, de tal manera que se puede dezir nueva traduccion. Hase añadido en esta octava impression lo siguiente: Las dos Eglogas de Virgilio, Primera y Quarta. El libro tredécimo de Maffeo Vegio. Una Tabla que contiene la declaracion de los nombres propios y vocablos y lugares dificultosos.» Toledo, por Juan de Ayala, 1574, 4.º, 8 hs. preliminares, 127 fols. y 3 de la declaracion ó Tabla. (B. Nacional.)

Las variantes entre esta edicion y las de Amberes son notabilisimas y contínuas. Casi siempre mejoran el texto. Citaremos alguna muestra, y sean dos octavas de la narracion de la muerte de Príamo en el libro II.

Ed. de Amberes:

En medio del palacio un grande altar

Al descubierto cielo puesto estaba,

Y un laurel alto y muy antiguo á par.

Su sombra los Penates abrazaba.

Qual suele espessa en tempestad bajar

La banda de palomas, tal andaba

Hécuba con sus hijas rodeando

Aqueste altar, los dioses abrazando.

Esto en diziendo, un débil dardo ayrado

El animoso viejo le arrojó,

El qual del ronco azero rechazado

En lo alto del escudo se colgó.

· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

Ed. de Toledo:

Un grande altar en medio el patio havia,

Do á cielo abierto el Rey sacrificaba,

Un laurel viejo y alto le cubria,

La sombra los Penates abrazaba.

Cual baja espessa en la borrasca fria

La banda de palomas, tal andaba

Hécuba con sus hijas rodeando

Aqueste altar, los Dioses abrazando.

Dijo, y lanzóle un débil rayo airado

El animoso viejo, áun no rendido,

El qual del ronco acero rechazado

En lo alto del escudo quedó asido.

La primera enmienda es felicísima. En la segunda llevó Hernandez de Velasco demasiado léjos la aversion á los agudos, comun en nuestros versificadores clásicos.

La edicion toledana es matriz de todas las que siguieron, á excepcion quizá de la de Amberes, 1575, 12.º, que probablemente se ajusta á las cuatro de Bellero.

—«La Eneida, etc. Háse añadido á la primera impression lo siguiente: Las dos Eglogas de Virgilio, Primera y Quarta. El libro tredécimo de Mapheo Veggio... La moralidad de Virgilio sobre la letra de Pitágoras. Una tabla. La vida de Virgilio.» Toledo, Diego de Ayala, 1577, 12.º, 10 hs. preliminares, 321 fols. y 39 de Tabla.

—Alcalá, por Juan Iñiguez de Lequerica, 1585-1586.

—Zaragoza, Lorenzo y Diego de Robles, hermanos, 1586, en 8.º

—Lisboa, 1614, por Vicente Alvarez, 11+482 fols. sin la Tabla.

—En Valencia, en la oficina de Benito Montfort, año 1776, 2 tomos 8.º, con una advertencia del impresor. No contiene los preliminares de las antiguas; pero sí el Suplemento de Mapheo y la Tabla.

—Valencia, en la oficina de Josef y Thomas de Orga. Año MDCCLXXVIII (1778). Llena los tomos 4.º y 5.º de las Obras de P. Virgilio Maron, ilustradas con varias interpretaciones y notas en lengua castellana, coleccion dirigida por Mayans.

—Valencia, en la oficina de Benito Montfort. Año 1793. 2 ts. 8.º Reproduccion exacta de la de 1776.

—Valencia, por los hermanos de Orga. (Reimpresion ad pedem litteræ de las Obras de Virgilio, etc., impresas en 1778.)

—Madrid, 1779, por Francisco Xavier García, 2 ts. 8.º

—París, 1838, en la edicion políglota de Montfalcon.

Aunque Gregorio Hernandez adoptó para la mayor parte de su trabajo el verso suelto, tradujo en octavas los discursos y narraciones, y por tanto dos libros íntegros (el segundo y tercero). ¡Lástima que no hubiese preferido la misma combinacion métrica para lo restante! Fuera de Jáuregui (y éste gracias al admirable modelo que tenía á la vista), ninguno de nuestros clásicos alcanzó el arte del verso suelto con sus pausas, cortes y rítmicos movimientos. Hasta los tiempos de Moratin y Jovellanos casi todos los versos blancos son pura prosa. No se libra de este general defecto Hernandez de Velasco; pero á su modo trata de dar plenitud y número á la versificacion con diversos artificios, especialmente onomatopéyicos, y á veces lo consigue. Tiene versos aislados muy valientes y trozos que pueden leerse sin enfado. La parte que está en octavas es muy superior á lo restante. Parece que al imponerse el traductor aquella traba, se corregia su desaliñada facilidad, y si perdian un tanto en concision, haciéndose más redundante y desleida la frase, ganaban no poco en rotundidad y armonía sus metros. Y como Gonzalo Hernandez era poeta (aunque mediano, y de ninguna suerte comparable con Aníbal Caro), pone, de vez en cuando, en su verbosa interpretacion un como reflejo del sentimiento virgiliano, máxime en el libro IV, que es el mejor traducido, con ser el más bello y difícil:

Mas la Reina feroz, temblando toda,

Furiosa con tan fiero y crudo intento,

Los ojos ya sangrientos revolvia,

Llenas de azules manchas las mejillas

Que le temblaban espantosamente.

Teñida ya de amarillez funesta,

Clara señal de la vecina muerte,

Con ímpetu se lanza en lo secreto

De su palacio, y súbese furiosa

Sobre la alta hoguera, y desenvaina

La espada del Troyano, dón ajeno

Del crudo ministerio que esperaba,

Ni para tal pedido ni guardado.

Reclinóse tras esto sobre el lecho

Y dijo aquestas últimas palabras:

«¡Oh dulces prendas, quando Dios queria

Y me era amigo mi infelice hado!

Tomad aquesta mísera alma mia,

Y dad fin dulce á mi mortal cuidado:

Hoy es mi triste, postrimero dia,

Ya el curso de mi vida es acabado.

Hoy baja el alma de la grande Dido

Al centro oscuro del eterno olvido.

· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

Dijo. Al momento acuden sus mujeres

Al alboroto, y hállanla caida

Sobre la aguda espada, ya muriendo,

La espada de espumosa sangre tinta,

Las blancas manos ya con sangre rojas.

Alzan un alarido horrendo todas

Que atruena el gran palacio y altas salas;

Vuela la fama al punto á todas partes

Por la ciudad confusa y turbulenta;

Braman las casas todas, y resuenan

Con amargos lamentos y gemidos

Y con gritos y aullidos de mujeres:

Y hiriendo sus pechos y sus rostros

Hacen un triste són que rompe el aire,

Cual si la antigua Tiro ó si Cartago

Por fuerza de enemigos combatida

Con horrenda rüina se asolara,

Y por las cumbres y altos capiteles

De las moradas de hombres y de Dioses

Se embravecieran mil furiosas llamas.

· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

Atendidas las dificultades enormes de traducir lo que es la perfeccion misma, no deja de mostrar arte esta traduccion del Ter sese adtollens, aunque los tres admirables versos del original estén desleidos en siete, y haya algun prosaísmo:

Tres veces, con las bascas de la muerte,

Sobre el codo estribando, probó á alzarse;

Mas otras tantas tornó á dar consigo

Sobre la cama un lastimoso golpe,

Y volviendo los ojos, que ya en muerte

Nadaban, hácia el Cielo, vió su lumbre,

Y viéndola, gimió porque áun vivia.

El último verso es de primer órden: no está traducido sino sentido el ingemuitque reperta. Aníbal Caro, con ser más literal en la expresion, es aquí ménos artista.

Considerado meramente como intérprete de un texto latino, G. Hernandez es muy fiel, aunque amplifica y parafrasea demasiado. En esto tiene alguna disculpa; se proponía hacer un Virgilio inteligible á todos, y lo consiguió: su Eneida apénas necesita notas. Era, sin duda, eminente humanista, y su trabajo virgiliano conserva toda la estimacion que puede tener una traduccion del siglo XVI hoy que tanto ha adelantado la correccion de los textos. Puede consultársele todavía con fruto: pocas veces yerra, y siempre en compañía de buenos intérpretes.

(d) Cristóbal de Mesa, ardiente secuaz de la escuela italiana, amigo y panegirista del Tasso, á quien imitó con infeliz fortuna nada ménos que en tres poemas épicos, publicó La Eneida de Virgilio, traducida... Madrid, por la viuda de Alonso Martin, 1615. 8.º, 8 hs. preliminares y 356 foliadas.

Tiene esta version la extrañeza de estar en octavas y tercetos alternados: lo cual asimismo vemos en las Metamórphosis de Pedro Sanchez de Viana. La dedicatoria es al rey Felipe III.

Poeta seco y versificador duro y difícil, quedó Mesa muy inferior á Velasco, y su obra no fué reimpresa nunca. La traduccion de las Églogas y Geórgicas que en 1618 publicó, supera bastante á su Eneida. Entre nuestros humanistas del siglo pasado era casi proverbial la ridícula traslación del Intonuere cavæ, genitumque dedere cavernæ

Retumbó dentro en su profunda panza.

(e) A estas dos traducciones poéticas, únicas que se hicieron en la dorada edad de nuestras letras, deben añadirse dos en prosa. Es la primera:

—«Las Obras de Publio Virgilio Maron, traduzido en prosa castellana por Diego Lopez... con comento y anotaciones. Valladolid, por Francisco Fernandez de Córdoba. 1601; 4.º, 8 hs. prls. y 378 folios.» Esta es la primera edicion, segun resulta del Catálogo de Salvá.

Hay, por lo ménos, las reimpresiones siguientes, como de libro vulgarísimo en nuestras escuelas:

—Madrid, por Juan de la Cuesta, 1616, 4.º

—Valladolid, Francisco Fernandez de Córdoba, 1620, 4.º

—Lisboa, 1627.

—Alcalá, María Fernandez, 1650, 4.º

—Madrid, Imprenta Real, 1668, 4.º

—«Las obras de Publio Virgilio Maron. Traduzido en prosa castellana. Por Diego Lopez, Natural de la villa de Valencia. Orden de Alcántara y Preceptor en la villa de Olmedo. Con comento y anotaciones, donde se declaran las Historias y Fábulas y el sentido de los Versos dificultosos que tiene el poeta. Año 1675. Con licencia: En Madrid, en la Imprenta Real. A costa de Juan de S. Vicente, Mercader de Libros.»

Barcelona. Año de 1679, en la imprenta de Antonio Ferrer y Baltasar Ferrer, libreros. (De mi Biblioteca.)

Todas estas ediciones son idénticas, hasta en el número de páginas: todas tienen 4 hs. prls. y 548 pp. de texto, sin contar la Tabla, la vida de Virgilio y el índice de los autores alegados en el comento.

Diego Lopez era un maestro de gramática, y no se propuso más objeto que el modestísimo de facilitar á sus alumnos la inteligencia del texto virgiliano. Su prosa es medianeja: poco flúida y elegante.

D. Gregorio Mayans tuvo la peregrina ocurrencia de suponer que el Maestro Diego Lopez se habia apropiado una soñada version de la Eneida hecha por Fr. Luis de Leon. ¡Como si fuese empresa ardua y que exigiera un plagio, la de hacer una traduccion literal para uso de los muchachos! ¡Como si el pobre Diego Lopez, preceptor de latinidad toda su vida, y que supo interpretar por su cuenta á Persio, Juvenal y Valerio Máximo, hubiese necesitado andadores para hacer lo mismo con Virgilio! Para un trabajo tan pobre como el suyo, es casi profanación traer á cuenta el nombre de Fr. Luis. ¿Y dónde consta ni por dónde hemos de presumir que éste tradujo la Eneida?

(f) Fr. Antonio de Moya, de la órden de San Agustin, lector de Teología, y procurador general de la provincia de Quito en Indias, publicó en tres tomos (dejándola incompleta) una edicion, traduccion y comentario de Virgilio; en la cual concurren raras circunstancias. El intérprete se ocultó en el primer volúmen con el nombre de Abdías Joseph, en el segundo con el de D. Antonio de Ayala, y reservó para el tercero el suyo propio:

«Obras de Publio Virgilio Maron. Elogias (sic), Geórgicas y Eneida. Concordado, explicado é ilustrado por el P. M. Fr. Antonio de Moya, del órden de San Agustin... residente en San Phelipe de Madrid. Dedicado al muy ilustre Señor D. Martin de Saavedra Ladron de Guevara, conde de Tahalú, etc... Tomo tercero de la Eneida. Con licencia. En Madrid, por Pablo del Val, año de 1664.»

Que el autor de este tomo lo fué tambien de los dos primeros, dedúcese de estas palabras con que la dedicatoria empieza: «Estos tres tomos que tengo publicados sobre Virgilio, y el último que falta para remate de esta obra, piden andar en un tomo grande con un índice de todas sus palabras... y otros dos tomos que tengo de notas escogidas sobre este autor.»

Contiene este tomo los seis primeros libros de la Eneida, traducidos en mala y rastrera prosa. Fr. Antonio de Moya, que llamándose Abdías Joseph habia intentado apropiarse las versiones poéticas de las églogas y del primer libro de las Geórgicas, hechas por Fr. Luis de Leon: para su Eneida entró á saco por la que sesenta y tres años ántes habia dado á la estampa Diego Lopez. Las variantes entre una y otra son de poca monta, y en ocasiones resulta mejorado el texto del P. Moya. Mayans, sin fundamento alguno, y sólo por cavilosidad crítica, sostiene que Fr. Luis de Leon hizo una traduccion de la Eneida, cuyo manuscrito vino á manos de Diego Lopez, que se le apropió alterándole, y le dió á luz en 1601. Otra copia cayó más tarde en poder del P. Moya, quien, no teniendo noticia del hurto de Diego Lopez, juzgó que podria disponer de aquella traduccion como de cosa sin dueño. Pero ¿qué noticias hay de ese supuesto manuscrito tantas veces saqueado y que nadie ha visto jamás? Absolutamente ninguna: sólo ha existido en la fantasía de Mayans. Al ver dos libros casi idénticos, lo natural es creer que el segundo fué tomado del primero, y no imaginar una fuente comun á ambos, cuando no hay fundamento para tal suposicion. El P. Moya plagió, por tanto, á Diego Lopez, y de ninguna manera á Fr. Luis de Leon. Las afirmaciones gratuitas de Mayans (que cometió la inaudita profanación de poner á nombre de Fr. Luis esta traduccion de los seis primeros libros de la Eneida en el tomo III de sus Obras de Virgilio, etc.[7]), han sido causa de que al paso que unos han ensalzado y puesto en las nubes tales trabajos, solamente por creerlos obra del maestro Leon, otros le hayan achacado gravísimos errores que nunca pudo cometer el insigne agustino, y en que fácilmente debió de incurrir su compañero de hábito el P. Moya. Absit à tanto viro dedecus hoc.

(g) En las Obras Poéticas de D. Diego Hurtado de Mendoza, tomo XI de Libros raros y curiosos, página 95, se lee con el título de Elegía á la muerte de Dido una traduccion bastante literal del fin del libro IV desde el verso:

At trepida et cœptis inmanibus effera Dido.

Puede dudarse que sea de D. Diego, porque en un códice de París se lee esta nota que parece autógrafa: «No es mia, ni mala»; pero si no es suya, lo parece. La misma aficion á finales agudos; el mismo desaliño en la versificacion; la misma poesía en el pensamiento. Está en verso blanco, y, diga lo que quiera Ochoa en su Catálogo, es un trozo verdaderamente notable.

(h) En la Biblioteca Real de Nápoles (J.—E.—46), hallé esta traduccion manuscrita y desconocida:

«Los Quatro libros de la Eneida de Vergilio, traduzidos en verso suelto. Al Excelentisimo Principe de Sena, por Aunes de Lerma.»

Empieza:

Las armas y el varon divino canto,

Que vino por sus hados el primero

De los Troyanos reinos desterrado

A la Lavinia costa. . . . . . . . .

Aunque no queden más que los cuatro primeros libros, el traductor en la dedicatoria promete toda la Eneida.

La traduccion es fiel y poco parafrástica; pero los versos pecan de descuidados, y hay muchos que no constan. Véase una muestra:

Terná guerra grandisima en Italia,

Y sus feroces pueblos sojuzgando,

Dará á las gentes leyes y murallas

En tres veranos y otros tres inviernos

Despues de haber los Rútulos vencido;

Mas el infante Ascánio, al qual agora

Se añade el sobrenombre de Iulo,

Ilo llamado, quando el Ilion grande

Con su poder el reino sostenia,

Treinta años volverá el mudable tiempo

Primero que estos muros desampare,

Y el reino del asiento de Lavino

Traspasse á edificar los fuertes muros

Y casas populosas de Alba-luenga.

El traductor deja cortados algunos versos á imitacion de Virgilio, v. gr.:

Aquí se dice que habitaba Juno,

De Sámo las moradas despreciando,

Y las de todo el suelo: aquí sus armas,

Aquí su carro estuvo.

(i) «Traduccion Poética castellana de los doze libros de la Eneida, de Virgilio Maron, Príncipe de los Poetas Latinos: su autor Don Juan Francisco de Enciso Monzon, Clérigo de menores órdenes, natural de la Ciudad de el gran Puerto de Santa María. Y la consagra á la Cathólica Magestad de Cárlos Segundo nuestro Sr. Rey de España y Emperador de la América. Con licencia, en Cádiz. Por Christóbal de Requena, año de 1698. 4.º 7 hojas sin foliar y 255 páginas á dos columnas.»

La dedicatoria es de lo más pedantesco y gongorino que recuerdo haber leido: «La Fénix despues que renace de aquellos ámbares preciosos de su pira, donde concibiendo los rayos del sol, haze tálamo de la vida el túmulo de la muerte, dicen los Poetas (¡oh Monarca Augustisimo!) que reconocido á aquel auspicio luminoso á quien debe su florida pompa, vuela á la ciudad de Heliópolis», etc.

En el prólogo A los doctíssimos y sutilíssimos ingenios de España, dice Enciso: «Yo he traducido la Eneida más como poeta que como intérprete, no sólo porque la he traducido en versos, sino porque quanto cabe en mis fuerzas he procurado que la traduccion compita con el original... procuré siempre realzar la sentencia del poeta ó en el modo ó en la sustancia.» Y tan satisfecho quedó de su trabajo, que ingenuamente añade: «Este libro que ofrezco me ha dejado contento, y no lo leo con ménos gusto que el original.»

Por lo transcrito puede comprenderse de qué pié cojeaba este nuevo traductor. Todo su afan era realzar la sencillez de Virgilio, es decir, hacerle conceptuoso y culterano. Enciso (que fué tambien autor de una Cristiada) versificaba con valentía y número, pero estaba contagiado por el pésimo gusto de su tiempo. La traduccion está en octava rima. Véanse dos para muestra (Libro VII):

Despues que dieron culto á Proserpina,

Llegaron á los cándidos pensiles,

Del deleyte inmortal patria divina

Que vierte Mayos y descoge Abriles:

Aquí infusa la lumbre cristalina

Del Cielo con las pompas más sutiles

El campo ilustra en tempestad preciosa

De nardo, de clavel, de lirio y rosa.

Unos los fuertes miembros ejercitan

En la que da aromática palestra

El campo Elysio, y cultos solicitan

Hacer de su valor gloriosa muestra.

Otros en dulces plectros acreditan

Las glorias de su voz y de su diestra,

Añadiendo á sus mágicas ideas

Dulces saraos, métricas choreas.

Si esto es Virgilio, ¡quantum mutatus ab illo!

(j) D. Josef Pellicer de Salas y Tobar tradujo los quatro libros primeros de la Eneyda de Virgilio en quatro romances de á cien coplas cada uno.

No queda más noticia que la que da el mismo Pellicer en la Bibliotheca que formó de sus propios escritos.

(l) «Los Quatro primeros libros de la Eneida de Virgilio, traducidos en verso castellano por D. Tomás de Iriarte.»

Ocupa todo el tercer volúmen de la Coleccion de sus obras en verso y prosa. (Madrid, 1805. Imp. Real. 320 pp con XXII de Prólogo). Tambien se halla en la 1.ª ed. (ménos completa) de dichas Obras. (Madrid, 1787.)

Está en romance endecasílabo, metro desdichado para trabajos de esta índole, pues ni tiene las ventajas de la rima (al paso que reune todos sus inconvenientes), ni la soltura y clásica gallardía del verso suelto. Sólo al Duque de Rivas fué dado hacer que se leyesen de seguida romances tan dilatados como los de El Moro Expósito. No hay martilleo más desapacible que el de la asonancia prolongada durante todo un canto de 800 ó 1.000 versos.

No adolece la traduccion de Iriarte (como otras suyas, especialmente la de la Epístola ad Pisones) de prosaísmos de diccion, porque Iriarte tenía demasiado gusto para ponerlos en una epopeya, y él mismo se lamenta en el prólogo de lo escasas y pobres de locucion poética que son las lenguas modernas, y envidia la majestad y abundancia de las antiguas. Pero nadie da lo que no tiene, y si podia el fabulista canario traducir con dignidad y decoro el texto virgiliano (y no hay duda que lo hizo), faltábanle calor en el alma y viveza en la fantasía para reproducir los lamentos de Dido ó el cuadro de la destruccion de Troya. Quintana juzga en dos palabras esta traduccion: «El texto está reproducido: la poesía no.»

Además de los cuatro libros, trabajó Iriarte en el 5.º; pero no llegó á publicarle, desalentado quizá por el poco éxito de la primera muestra.

(m) «Traduccion de las obras del Príncipe de los Poetas Latinos, P. Virgilio Maron á verso castellano. Dividida en quatro tomos. Tomo II. Que contiene los quatro primeros libros de la Eneida. Por D. Joseph Raphael Larrañaga. Con las licencias necesarias. En Méjico, en la Oficina de los herederos del Lic. D. Joseph de Jáuregui, calle de S. Bernardo. Año de 1787.»

Una hoja sin foliar con la lista de los suscritores, otra con las erratas y dos con un romance de D. Toribio Castañeda en aplauso de la traduccion, 430 pp. con texto latino y castellano. La traduccion es en romance endecasílabo.

—«Tomo III, que contiene los quatro segundos libros de la Eneida (lo demás idéntico).»

Una hoja sin foliar, 478 pp. y el índice.

—«Tomo IV, que contiene los quatro últimos libros de la Eneida, etc., (lo demás ut supra). Año de 1788.»

Una hoja sin foliar y 593 pp. Esta traduccion es completísima: no sólo encierra los doce libros de Virgilio, sino tambien el suplemento de Mapheo Veggio.

El incógnito traductor (que es casi desconocido hasta en América) era muy mal poeta. Júzguese por el argumento ó asunto del primer libro:

De Juno á persuasiones

Éolo despacha los furiosos vientos,

Y arroja á las regiones

De Libia los troyanos regimientos;

Jove con sus razones

A Vénus quita justos sentimientos;

En la hermosa Cartago á Eneas recibe

Dido que amante á todo se apercibe,

A quien la diosa Vénus desmentido

Envía en forma de Ascánio al dios Cupido.

Esto es cuando habla por su cuenta. Veamos cuando traduce:

Yo aquel que cuando jóven entonaba

Silvestre verso en rústica zampoña,

Y dejando las selvas pastoriles

Despues compuse leyes poderosas.

Al frente del último tomo hay un perverso soneto, intitulado «Sencilla expresion de los deseos de un íntimo amigo del Autor»:

¡Oh! y quiera, en fin, el Cielo soberano

Se llegue el dia feliz, interesante

En que veamos concluido tu elegante

Virgilio vuelto en metro castellano...

Sólo como curiosidad bibliográfica puede mencionarse esta traduccion.

(n) Otro tanto digo de «La Eneida de Virgilio, traducida en verso pentámetro por D. Cándido María Trigueros

Se conserva en la Biblioteca Colombina (B 4.ª 445—28) en un cuaderno procedente de la librería del Conde del Aguila. Contiene solo los tres primeros libros y un retazo del cuarto.

Los llamados pentámetros son alejandrinos pareados, insufribles para todo oido castellano:

Canto el varon primero que huyendo el cruel hado

De Troya vino á Italia por armas celebrado,

Y sufriendo en mil tierras y el reyno de Neptuno

Las iras poderosas de la enojada Juno,

Toleró con firmeza de Marte los combates;

Fundó, en fin, á Lavinio, y sus teucros Penates

Asseguró en el Lacio: donde el nombre latino,

El Albano senado y la gran Roma vino.

El único mérito de esta traduccion, si alguno tiene, es la concision. En 786 versos está el libro I, en 816 el II, en 754 el III: pocos más que los del original[8].

(p) «Los dos primeros libros de la Eneida de Virgilio, traducidos en octavas castellanas por D. Francisco de Várgas Machuca. En Alcalá: año de 1792. En la Imprenta de la Real Universidad. Con licencia

En 4.º, 255 pp. texto latino y castellano, sin prólogo ni preliminar alguno.

Buena inteligencia del texto: las octavas generalmente débiles, á la vez que redundantes; pero no faltan versos felices. Véase la descripcion de la muerte de Laoconte:

Ya su cuerpo los dos por la cintura

Con repetidas vueltas le ciñeron:

Su garganta con mísera apretura

Con una y otra vuelta le oprimieron;

Y además de las roscas que formaban

Sus cabezas las de él sobrepujaban.

Destilando veneno denegrido

Las vendas, con sus manos pretendian

Desenvolver las roscas, y afligido

Quejas hasta los cielos despedía,

Como el toro que brama quando herido

Huye del sacrificio que sufría

Y la incierta segur que el golpe ha errado

De su cuello sacude lastimado.

Pero las dos culebras, deshaciendo

La prision de las roscas apretadas,

Ibanse poco á poco desprendiendo

Del infeliz Laocoón, y desliadas

Fuéronse, un giro y otro repitiendo,

Al templo de la Diosa encaminadas,

Y despues que á sus plantas se postraron,

Debajo de su escudo se ocultaron.

(q) El P. José Arnal, jesuita de los expulsos, conocido por su traduccion del Philoctétes de Sófocles, se ocupaba en una version de la Eneida. Es noticia del P. Pou en su Specimen interpretationum hispanarum auctorum classicorum tam ex græcis quam latinis, tum sacris, tum prophanis, ms. que D. Joaquin María Bovér poseía y extracta en su Biblioteca Balear.

(r) D. Juan Meléndez Valdés, en el prólogo que escribió en Nimes para la última edicion de sus poesías, menciona entre los mss. que perdió durante la guerra de la Independencia una traduccion muy adelantada del divino poema Virgiliano. Parece que eran seis los libros ya traducidos.

(s) D. Francisco Sanchez Barbero, eminente humanista, trae en sus Principios de Retórica y Poética (Madrid, 1805) tantas veces reimpresos, algunos trozos virgilianos (especialmente del libro IV) con felices traducciones de su propia cosecha, v. gr.:

¡Oh sol que en luz eterna al mundo aclaras,

Y tú, testigo de mis ánsias, Juno,

Vengadoras Euménides; triforme

Hécate, en cuyo honor los anchos trivios

Con aullar melancólico resuenan

En la nocturna oscuridad: vosotros

Dioses tambien de la espirante Elisa, etc.

Tampoco son desgraciadas las que inserta D. José Gomez Hermosilla en su Arte de hablar en prosa y verso.

(t) Dido, canto épico por D. Juan Maria Maury. Impreso por vez primera en el tomo LXVII de AA. Españoles (pp. 175 á 183). Es una traduccion del libro IV de la Eneida en versos endecasílabos irregularmente combinados, con un prólogo y un epílogo, tambien en verso, añadidos por Maury, para formar un poemita completo. El Proemio es un extracto del libro I de la Eneida con todos los preliminares indispensables para la inteligencia del asunto.

La traduccion del libro IV es preciosa. Oscurecen su mérito giros extraños, inversiones excesivas, cortes rítmicos un tanto artificiales y violentos; lo cual da á este trabajo un aire de extrañeza que en verdad le perjudica. Tampoco es de loar la versificacion caprichosa que adoptó Maury.

Por lo demás, á fuerza de ser elíptico y ceñido, llega á un grado de concision y energía (á veces abrupta y escabrosa) que no consigue ningun otro poeta ni traductor castellano. No esquiva los latinismos, v. gr., inauspiciada, claustro, régia (en el sentido de palacio). Hé aquí una muestra de la elegancia y del vigor con que está escrita esta traduccion, obra de un verdadero poeta:

. . . . . . . . sus naves sumergiera,

Sus tiendas encendiera, exterminara

Al padre, al hijo y á la raza entera...

¡Oh sol que todo con tu antorcha clara

Lo alumbras! Noble hija de Saturno

Que mis agravios ves, ¡Hécate muda

Que por sus plazas con pavor saluda

De las ciudades el clamor nocturno!

¡Dioses del Orco! Furias vengadoras,

Númenes todos de la triste Dido

Moribunda, atended, y el merecido

Pago al inicuo dad: las frigias proas,

Si es fuerza arriben á segura playa,

Si así lo quieren Júpiter y el Hado,

Que por un pueblo bélico acosado,

De Ascánio léjos, prófugo, no haya

Quien le socorra: de los suyos vea

Matanza atroz. . . . . . . . . . .

Esto pido, este exhalo último ruego

Con el aura vital. . . . . . . . .

Sal de mis huesos vencedor ingente

Que á fuego y sangre á la dardania gente

Allá persigas, do cabrá, doquiera,

Opuestos mar á mar, playa á ribera.

¡Qué inspirado estuvo Maury, al traducir el

Quæsivit cœlo lucem, ingemitque reperta.

. . . . . . . . . . . . . . . Del cielo

Busca la luz y al encontrarla gime!

El epílogo reproduce parte de la bajada á los infiernos en el libro VI; pero lo demás es invencion de Maury, y no poco feliz. La sombra de Dido anuncia á Enéas los futuros desastres de Roma y la venganza de Cartago por Aníbal:

Y en medio de estos bélicos despojos

Graba una mano en caracteres rojos

«Tesino» y «Trebia», «Trasimeno» y «Cánas.»

(u) La Eneida en castellano por B. P. V. (Benito Perez Valdés.) Oviedo. Año de 1832.

Ms. autógrafo que poseo, así como el de las Geórgicas, vertidas por el mismo traductor. El de la Eneida tiene 1.260 páginas, con el texto latino al frente. Está en versos sueltos la traduccion, que es completa.

D. Benito Perez Valdés († 1842, á la edad de ochenta y tres años[9]) fué un boticario ovetense, amigo en sus mocedades de Jovellanos, y conocido en su patria por el apodo de El Botánico. Aficionado á las buenas letras, compuso gran número de poesías patrióticas en bable y en castellano durante la guerra de la Independencia, y en la época constitucional del 20 al 23, entre ellas El Romancero de Riego, que reimprimió en Lóndres con cierto lujo el canónigo D. Miguel, hermano del caudillo liberal de las Cabezas.

En la traduccion virgiliana de este farmacéutico, aparte de muchos é imperdonables desaliños, fáciles de explicar en una obra no corregida por su autor, quizá no destinada á la prensa, y hecha en un aislamiento literario casi absoluto, hay condiciones estimables de latinista, y áun de escritor castellano, pero no de poeta. Para un verso feliz (y no deja de tenerlos), se encuentran ciento inaguantables, mostrándose á cada paso la impericia de Valdés en la manera de construirlos y trabarlos. Pero si versifica mal, habla, á lo ménos, con pureza y abundancia el castellano.

Véase una levísima muestra de este incógnito traductor:

Luégo que de Laurento en el alcázar

De guerra el estandarte puso Turno,

Y el bronco són se oyó de las trompetas,

E hizo de los caballos fiero alarde,

Y con la lanza sacudió el escudo

De la lucha intimando señal cierta,

Escandecido el ánimo valiente,

El Lacio todo trepidó en tumulto,

Ansioso se conjura, y arrogante

Fuera de sí su juventud se exalta.

(Libro VIII.)

(v) La Eneyda de Virgilio, traducida en español (sic) por L. D. F. V. Barcelona, imp. de Grau, 1842.

Trad. en prosa para las escuelas, hecha por un profesor de Humanidades de Barcelona. Roca y Cornet habló de ella en La Civilizacion.

(x) «Nueva Version de la Eneida de Virgilio en verso español, acompañada del texto latino al frente, el más correcto. Por D. Alejandro de Arrúe, Preceptor titular de la Invicta villa de Bilbao.—Bilbao, Imprenta de Adolfo Depont, Editor. 1845, 4.º»

Conozco de esta traduccion dos volúmenes. El primero (404 pp.) comprende los cuatro primeros libros y numerosas notas sobre las palabras más oscuras mitológicas y geográficas de la Enéida de Virgilio. El 2.º abraza los libros quinto, sexto, sétimo, octavo y el comienzo del noveno, quedando cortado el ejemplar que tengo á la vista en la página 356.

Ignoro si se terminó la publicacion de este tomo y de lo restante de la obra.

Al frente de la version va el texto latino bastante correcto. La traduccion está en romance endecasílabo y no pasa de mediana. El intérprete carecia de gusto literario, versificaba con muchos tropiezos, y hasta en el lenguaje es incorrecto y desaliñado. Complácese en términos exóticos y raros compuestos.

Para las anotaciones consultó especialmente á Servio, Donato, Minelio, los PP. La Cerda y La Rue (Ruæus) y Delille. Muéstrase en todo más humanista que poeta.

(y) «La Eneida de Virgilio, traducida en verso endecasílabo por D. Graciliano Afonso, Doctoral de la Santa Iglesia Catedral de Canarias.—Año de 1853.—Palmas de Gran Canaria: Imp. de M. Collina... 1854.» 8.º 2 ts. el 1.º de VIII 233 pp., y el 2.º de 278 pp.

En una advertencia al lector dice el Sr. D. Graciliano que en 1838 trajo de América, donde permaneció 18 años emigrado por la causa de la libertad, una traduccion en prosa con notas, para la instruccion de la juventud canaria.

El 25 de Junio de 1853 le ocurrió la idea de ponerla en verso y la terminó el 24 de Octubre: celeridad verdaderamente extraordinaria, y más en un anciano de 78 años, que esta edad tenía el señor Doctoral en aquella fecha. Sería injusticia notoria examinar con rigor una traduccion hecha en tales condiciones: lo singular es que de vez en cuando tenga buenos versos y arte de estilo, en medio de un diluvio de prosaísmos, repeticiones y negligencias.

Está en romance endecasílabo. Que no carece de mérito, mostrarálo, tomado á la ventura, un pasaje del libro XI. Habla Tarcon en la batalla contra Camila:

«¿Qué pavor se apodera de vosotros,

Tirrenos sin honor siempre y sin alma?

¿Qué indigna cobardía os aqueja?

¿Una sola mujer del campo os lanza

En fuga y dispersion? ¿dó están agora

Las manos impotentes, las espadas?

Tanta insolencia no mostrais de Vénus

En las órgias nocturnas tan amadas,

Ni cuando corva flauta os convida

De Baco alegre á la festiva danza

Y el vaso rueda en la suntuosa mesa

Donde todo es placer...»

Así hablando, conságrase á la muerte

Y en su corcel se arroja á la batalla,

Y á Vénulo acomete con gran furia.

· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

Y ya le encierra en sus membrudos brazos

Tal se alza el ave de doradas plumas,

El águila de Jove que arrebata

Una serpiente á lo alto de las nubes

Y encadena la presa con sus garras,

Y en ella fija sus corvadas uñas,

Y al dragon hiende: con sus ánsias vanas

Se pliega, se repliega en varios giros

Y encrespa de su espalda las escamas,

Y silbos lanza horribles: su cabeza

Siempre erguida con aire de amenaza.

Pero él en vano lucha, que de Jove

El corvo pico el ave despedaza,

Y con heridas cubre el cuerpo fiero

Y el aire despues corta reposada.

(z) «La Eneida de Virgilio, traducida al castellano.» Forma parte de las «Obras Literarias de D. Sinibaldo de Mas. Madrid. Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, Salon del Prado, núm. 8, 1852.»

La Eneida tiene paginacion aparte: 175 fols. Hay ejemplares sueltos.

Tiene esta traduccion la singularidad de estar hecha en una especie de exámetros castellanos, tal como el autor los habia propuesto en su Sistema musical de la lengua castellana. Más que como version debe considerarse esta Eneida como un ensayo rítmico, y mejor, como un monumento de paciencia. Ni aquellos son exámetros, ni suenan como versos en ninguna lengua:

Era noche, y estaban durmiendo con profundo silencio

Los míseros humanos, el plateado mar y las selvas:

Las estrellas lucientes hacían por el cielo su curso:

Los ganados bulliciosos, las aves que esmaltes adornan,

Los peces que en el fondo del líquido elemento se placen

Y las fieras bravías que habitan en el áspero bosque,

Todos sus males olvidaban, dados al plácido sueño.

¿Quién soporta doce cantos en este llamado metro? Lo que sí puede alcanzarse, escribiendo en esta forma, es alguna ventaja en cuanto á la concision. Y D. Sinibaldo de Mases muy conciso; pero tuvo el mal gusto de «abreviar muchas descripciones, profecías y comparaciones que le parecieron prolijas y lánguidas para lectores del siglo XIX.» ¡Refundir á Virgilio!

De esta traduccion pueden sacarse giros y frases felices y latinismos aprovechables.

(aa) Juan Cruz Varela, poeta de Buenos-Aires (1794-1839), tradujo los primeros libros de la Eneida. Dícelo don Miguel A. Caro, con referencia á D. Juan María Gutierrez[10]. En la Revista del Rio de la Plata se publicó el primero, y allí tambien dos Cartas, de Varela, sobre la manera de traducir á Virgilio y sobre las anteriores versiones castellanas[11].

(bb) El ilustre poeta venezolano Andrés Bello tradujo el libro V de la Eneida (los juegos); pero no sé que haya sido impreso. Le cita el Sr. Caro.

(cc) «El Libro primero de la Eneida traducido en verso por el Excmo. Sr. D. Ventura de la Vega.»

Se publicó por primera vez en un periódico ó revista, pero se ha reimpreso con más correccion en el tomo I de Memorias de la Real Academia Española. (Madrid, Rivadeneyra, 1871).

Ochoa dijo rotundamente de este fragmento que era «la mejor traduccion de Virgilio que él conocia en ninguna lengua.» Muchos serán del mismo parecer. Es, á lo ménos, uno de los mejores trozos de verso suelto castellano, y una de las interpretaciones donde mejor está entendida y más poéticamente expresada la índole del original, la majestuosa, á la par que sencilla, elegancia virgiliana. Aníbal Caro tiene más soltura y más gracia: Ventura de la Vega más igualdad y esmero. Sin ser humanista de profesion, sabía bastante latín para comprender el texto, y tenía además la ayuda de muchos comentarios y versiones que no alcanzó el italiano. Hé aquí una muestra del trabajo de Ventura:

Él en Italia una tremenda guerra

Sostendrá; domará pueblos feroces,

Ciudades fundará, y usos y leyes

Dará á sus hijos, y en el Lácio al cabo,

Tres estíos veránle y tres inviernos

Reinar sobre los Rútulos vencidos.

Sucederále el niño Ascánio, que hora

Yulo añade á su nombre (Ilo llamado

Cuando existió Ilion). Verá en el trono

Treinta giros del sol en torno al orbe,

Y trasladando de Lavinio el reino,

Asentarálo en Alba: Alba-la-longa,

Por él de inmensa fuerza coronada.

Ya de año en año allí los hijos de Héctor

Trescientos reinarán, hasta que Ilia,

Reina y sacerdotisa, en solo un parto

Dos gemelos dé á luz, prole de Marte.

Será uno de ellos Rómulo, que alegre,

Sobre sus hombros por blason llevando

La roja piel de su nodriza loba,

Juntará un pueblo, la ciudad de Marte

Fundará, y á sus nuevos moradores

Romanos llamará, del nombre suyo.

A estos Romanos ni barreras pongo

Ni término señalo: les he dado

Un imperio sin fin. Y hasta la misma

Juno, esa áspera Juno, que hoy medrosa

Fatiga el mar, la tierra y el Olimpo,

A consejo mejor tornará un dia,

Y á par conmigo exaltará al Romano,

Togado pueblo, rey del Universo.

Tal es mi voluntad.—Las venideras

Edades, en humilde servidumbre

De la casa de Asáraco á las plantas

Verán á Phtía y á la gran Micénas,

Y subyugada y sierva á Grecia toda.

De esta troyana esclarecida sangre

Nacerá César, que heredando el nombre

De Yulo el grande, llamaráse Julio.

Límite de su imperio será solo

El Oceáno, y de su fama el cielo.

Cargado con despojos del Oriente,

Recibirásle en el Olimpo un dia,

Y aras y culto le dará la tierra.

Entónces ya, las lides apagadas,

El aspereza de los siglos rudos

Suavizándose irá, y el Universo

Por la cándida fe será regido.

¡Qué bella sería una traduccion de Virgilio en versos sueltos y hechos de esta manera!

(dd) «Dido: libro IV de la Eneida de Virgilio, traducido en verso castellano, por D. Fermin de la Puente y Apezechea. Sevilla. Establecimiento tipográfico á cargo de Juan Moyano, 1845.»

Dedicado á los PP. Escolapios, 56 pp., 4.º

—«Eneida de Virgilio: libros I y VI, traducidos por don Fermin de la Puente y Apezechea. Madrid, imprenta de Aribau y Compañía, sucesores de Rivadeneyra, 4.º, 127 páginas.»

El libro I está incluido además en las Memorias de la Academia Española.

Además de estos tres libros, dejó preparados el señor Puente y Apezechea otros cinco, segun me informa mi buen amigo D. Antonio Sanchez Moguel.

Aunque el Sr. Puente, persona en todos conceptos apreciabilísima, no era muy poeta, su traduccion de la Eneida es buena (sobre todo en el libro IV), y merece más fama que la que ha alcanzado. Inmune casi de los vicios que afean la interpretacion de los Libros Sapienciales, hecha por el mismo autor harto prosaicamente, tiene hermosas octavas, de las cuales pondré alguna para muestra:

No de otra suerte Orestes delirante,

Del triste Agamenon prole maldita,

Del crímen siente el aguijon punzante,

Y espantosa vision le precipita.

Huye á su madre, y se la ve delante

Que ardiente tea y víboras agita,

Y al cual las infernales vengadoras

Posan sobre el umbral á todas horas.

Cuanto más leo esta traduccion, más me agrada. Reina en ella cierta apacible y modesta elegancia y una igualdad de estilo que se echan de ménos en las demás poesías del difunto académico. En el libro I, y sobre todo en el VI, aprovechó algunos versos, y áun dos ó tres octavas enteras de la traduccion de Hernandez de Velasco. Este libro VI es el más flojo en la de Puente y Apezechea.

(ee) D. Gabriel García Tassara, en sus Poesías (1872), tiene traducida La Muerte de Príamo (libro II de la Eneida) desde el verso

Forsitam et Priami fuerint quæ fata requiras.

(ff) «Obras completas de P. Virgilio Maron, traducidas al castellano por D. Eugenio de Ochoa, de la Academia Española. Madrid. Imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra, calle del Duque de Osuna, 1869, 4.º»

XXXV pp. de preliminares y 816 de texto é Indice alfabético de los personajes nombrados en la Eneida.

Libro impreso con mucha elegancia, aunque tiene algunas erratas.

Por lo que hace al texto, reprodujo Ochoa el de Heyne, revisado por Wagner (1830-1841), consultando en algun caso el de Bénoist y otros. La traduccion es en prosa, que, como toda prosa poética, resulta monótona y amanerada, y como toda prosa de Ochoa, no está libre de galicismos. Fuera de esto y de algunos errores (no graves) de interpretacion, el trabajo es concienzudo, aunque de sabor poco nacional y castizo. En la introduccion y en las notas no faltan ligerezas bibliográficas y críticas. Ochoa no era latinista de profesion; pero tenía buenos conocimientos clásicos. Su Virgilio vino á llenar un vacío en nuestra bibliografía clásica; y si alguno de sus libros le sobrevive, será con certeza éste.

(gg) Los seis libros primeros de la Eneida de Virgilio, traducidos al castellano en versos endecasílabos sueltos. Coria: Imp. de Policarpo Evaristo Montero. 1870. 8.º, 154 pp. y dos de Fe de erratas.

El nombre del traductor aparece al fin de la Advertencia: D. Felipe L. Guerra, vecino de Gata, el cual hizo esta traduccion para enseñanza de su hijo, estudiante de latin.

Más adelante ha publicado completa:

La Eneida de Virgilio, traducida al castellano en versos endecasílabos sueltos. Coria: Imp. de P. Evaristo Montero. 1873, 8.º, 304 páginas.

Una y otra edicion fueron privadas, y ad usum amicorum. Es traduccion más recomendable por la fidelidad que por la elegancia ni soltura.

(hh) Juan de Arona (seudónimo del escritor peruano D. Pedro Paz Soldán y Unanue, elegante traductor de las Geórgicas) ha tenido la ocurrencia no muy feliz de hacer una especie de version jocosa ó parodia de algunos trozos del libro I de la Eneida (1-101), y del II y IV. Allí Dido dice á Enéas que le llegará su San Martin, y otras cosas de la misma laya. Pertenece al mismo género de parodia que el Virgile travesti de Scarron, ó el poemita bable de Dido y Eneas, de D. Antonio Gonzalez Reguera.

Los trozos de Juan de Arona á que aludo pueden verse desde la página 74 á la 84 del libro intitulado Poesía antigua.Las Geórgicas de Virgilio traducidas en verso castellano, etc. Lima: Imp. del Comercio, 1867.

(ii) El docto latinista D. Raimundo de Miguel, á quien deben nuestras letras el mejor Diccionario latino, tradujo en verso castellano los dos primeros libros de la Eneida, trabajo hecho en su vejez como por solaz, y nunca corregido á gusto de su autor. Está en el libro rotulado:

Poesías de D. Raimundo de Miguel, catedrático de Retórica y Poética en el Instituto de San Isidro de Madrid, seguidas de un apéndice que contiene la traduccion de los dos primeros libros de la Eneida y varias composiciones latinas del maestro Francisco Sanchez de las Brozas, vertidas á la lengua castellana en variedad de metros por el mismo autor. Madrid. Agustin Jubera, editor. 4.º XVII+540 pp. (1876.)

(jj) Obras de Virgilio, traducidas en versos castellanos por Miguel Antonio Caro. Bogotá. Imprenta de Echevarria hermanos, 1873.

Preceden á la traduccion una dedicatoria á la Academia Española, un estudio preliminar extenso (CXIX pp.) y algunas advertencias.

El tomo II contiene los seis primeros libros de la Eneida. El tercero (1876) los restantes, con adiciones al estudio preliminar y (al fin) correcciones al texto. Ofrece publicar más adelante el texto latino con comentarios y una introduccion, un estudio sobre las imitaciones y reminiscencias virgilianas en poetas de España y América, los Poemas menores atribuidos á Virgilio y un Indice.

La traduccion del Sr. Caro es sin duda la mejor que poseemos en castellano, á lo ménos tomada en conjunto. Hay pasajes débil ó vagamente traducidos, y adolece además del vicio capital de estar en octavas reales, forma sumamente artificiosa, y que quita al traductor mucha libertad, y al traslado mucha concision. Pero admitido este pié forzado, sólo hay motivos de admiracion en el trabajo del Sr. Caro. Cierto que se encuentra algun giro exótico, alguna construccion violenta, alguna frase traida de léjos; pero ¿qué importa esto al lado de tantas frases expresivas y gallardas, al lado de tantos giros felices como embellecen la traduccion del poeta bogotano? El cual es además notabilísimo y concienzudo latinista, y nunca ó raras veces se desvía de la recta interpretacion. Debe aplaudirse, sobre todo, en su trabajo la pureza y galanura con que maneja la lengua castellana, como dueño y señor de todas sus preseas y tesoros, cosa rara en las regiones americanas. Fuera de Bello y Pesado, no conozco hablista americano comparable al traductor de Virgilio.