CXXX.

Sumisa contestó la excelsa Diosa:

«Hermosísimo esposo de mi vida!

¿Por qué haces en esta ánima, medrosa

De tus duros mandatos, nueva herida?

Si áun dieses, cual debieras, á tu esposa

De aquel antiguo amor llena medida,

No me negaras, soberano dueño,

Sacar á Turno del sangriento empeño.