CXI.

Al hijo estrecha el Rey, su mano asida,

Y «¡Oh! hiciérame volver favor celeste

A los pasados años de mi vida,

Cuando eché á tierra la primera hueste»—

Dice en larga llorosa despedida—

«Aquí mismo, en el valle de Preneste,

Y los escudos de las rotas filas

Quemé triunfante en levantadas pilas!