CXCIV.

Han resaltado las que el cinto lleva

Lucientes inequívocas labores.

Conforme Enéas las miradas ceba

En aquel monumento de dolores

Insanables, la colera renueva,

Y clama así, terrible en sus furores:

«¿Con tan queridas prendas te atavías,

Y escapar de mis manos presumias?