CXCII.
»¡Venciste! todo en mí te pertenece;
Me han visto los Ausonios prosternado
Tender las palmas. Si piedad merece
Un padre (fuélo Anquíses) desdichado,
La ancianidad de Dauno compadece,
Y vivo, ó muerto, cual te venga en grado,
Este hijo tu piedad le restituya.
¡Oh! cese tu rencor; ¡Lavinia es tuya!»