CLXXXI.

»¡Héme ahora inmortal! ¡Oh hermano mio!

¿Qué habrá sin tí que enojos no me sea?

¿Y dónde mi doliente desvarío

Abismo tan profundo cual desea

Que me trague hallará, y en el umbrío

Reino sepulte á esta infelice dea?»

Dice, y llora, y cubierta un glauco velo,

En hondas linfas escondió su duelo.