CLXVIII.

Ser llegada sintió su hora postrera,

Y á Acca se vuelve, de su corte dama,

En leales afectos la primera,

En cuya fe su corazon derrama.

«¡Acca!» dice, «¡mi dulce compañera!

Ya se acabó de mi vivir la llama,

A esta llaga no esperes que resista;

¡Toda es en torno oscuridad mi vista!