CLXVIII.

Nada el mancebo, pues, con el escudo,

Nada ya con la armada diestra puede;

¡Tanto el asalto arrecia áspero y rudo!

Hace que en torno de sus sienes ruede

Ruido asordante, el incesante, agudo

Repiquete del yelmo: ábrese, y cede

La armadura de bronce á las pedradas;

Las rojas plumas vuelan arrancadas.