CLIII.

Entran, pues. Mas de súbito á sus ojos

Brilla extraña vision: altos se mecen

Sobre yelmo gentil crestones rojos;

Crujen hórridas armas que estremecen,

Y luz fiero broquel vibra á manojos...

Al punto aquel semblante que aborrecen,

Y aquel brazo feroz que temen tanto,

Los Teucros reconocen con espanto.