CII.
Cual, rotos los ronzales, sin que nada
Se oponga en campo abierto á su albedrío,
Vuela el corcel al pasto y la yeguada
Huyendo del pesebre; ó hácia el rio
En que los miembros refrescar le agrada,
Erguida la cerviz, con ágil brío,
Bufando va, y en ondas sobre el cuello
Le juega, y por los brazos, el cabello.