C.

Inciensan, en subiendo á los umbrales,

El templo, y el dolor que el pecho encierra

Exhalan, de allí mismo en voces tales:

«¡Arbitra omnipotente de la guerra!

¡Mira, oh vírgen Tritonia, á nuestros males!

Al Frigio salteador derriba en tierra,

Quiebra en su mano tú la arma homicida,

Y ante esas puertas él la arena mida!»